miércoles, 23 de diciembre de 2009

Liberarnos de nuestras cadenas

La naturaleza no nos da valor como individuos, sino como especie. En cambio, a lo largo de los siglos nosotros hemos ido luchando cada vez más contra esa noción, nosotros sí le damos un valor individual a la vida. Si hay algún Dios que ha creado nuestro mundo, a Él no parece importarle en absoluto los sentimientos individuales de las personas ni descartar cruelmente de la selección natural a aquéllos que no cumplen con los requisitos necesarios. Nuestra tendencia social, por muy antinatural que sea, consiste en gran medida en dar oportunidades de vivir a todos, incluso a los más perjudicados por la selección natural. ¿Es eso malo? Para la naturaleza y la evolución seguro que sí, pero tenemos sentimientos y sabemos que cada persona siente como nosotros y experimenta dolor como nosotros. Ya dije en otro post lo que pensaba, debemos tomar nosotros mismos el timón de la evolución desarrollando nuestros conocimientos sobre la manipulación genética, y es algo que tengo cada vez más claro. Sólo hay dos opciones aparte de ésta, y ninguna de ellas me parece apropiada:

-Dejar que los defectos y enfermedades genéticas se propaguen, que nuestra evolución se estanque y detener el fortalecimiento generacional de nuestra especie.

-Que los individuos con genes "nocivos" no se reproduzcan, esto sin duda sería el camino natural, pero también sería muy triste y desde luego extremadamente polémico. Y algo injusto para los millones de personas que puedan tener cualquier tipo de enfermedad o imperfección genética. Está claro que nuestra tendencia social no apunta a esto, así que habrá que buscar otras soluciones mediante el camino que estamos tomando (la ciencia y el desarrollo del conocimiento de nuestra composición natural).