lunes, 20 de julio de 2009

El peligro de la felicidad excesiva

Un amigo me ha contado algunas veces la anécdota de un aficionado español que, al terminar aquel 12-1 de España a Malta en 1983, se pegó un tiro en la puta cabeza. Su alegría era tan grande que no podía contenerla, y por eso sintió la necesidad de acabar con todo.

Es una historia muy curiosa. Normalmente los suicidios se deben a una tristeza extrema, pero parece que en ese caso la causa del conflicto fue el extremo contrario. Temo ser "demasiado feliz", no vaya a ser que no pueda contener la felicidad yo tampoco.

Pero bah, seguro que no tengo una mente tan débil y estúpida como la de aquel tipo. Al menos no en ese sentido.

Muros




Cada persona se esconde detrás de un muro para protegerse de sus relaciones con los demás seres humanos, en menor o mayor medida. Como es evidente, hay muros de tipos muy distintos, desde los más suaves a los más duros, y algunos con más ladrillos que otros. Además, el propio muro de una persona se ablandará o endurecerá dependiendo de su afinidad personal, cultural, sociológica y de otros aspectos (la importancia de cada uno varía según la persona) con el individuo con quien se esté relacionando, y habrá ladrillos en concreto que aparecerán al interactuar con algunas personas, pero no con otras. Esos ladrillos específicos podrían ser los prejuicios, pero también pueden haber sido colocados tras una mala experiencia con el aspirante a penetrar el muro.

Por otra parte, cada persona tiene también un martillo. El martillo es independiente de la afinidad que pueda tener con otras personas, son dos factores distintos que influyen a la hora de romper muros ajenos. La afinidad ablanda los ladrillos del muro, y el martillo directamente los derriba. Un martillo fuerte ayuda a derribar el mayor número de ladrillos posibles, y a acceder más fácilmente a una relación de intimidad. Es posible aprender a fortalecer el martillo con el paso de los años, pero las malas experiencias también pueden hacer que se debilite. Estas variaciones, por supuesto, también afectan a la integridad del propio muro, y los años pueden ablandarlo o endurecerlo. De hecho, las experiencias vividas son la clave fundamental para el desarrollo de muros y martillos en una u otra dirección.

Por lo tanto, un muro es distinto para cada persona que se disponga a penetrarlo. Algunos tendrán que hacer frente a un muro más duro y con más ladrillos (en función de la afinidad), y unos serán capaces de derribar más ladrillos que otros, lo cual hará que el muro empequeñezca y se abra el camino a una interacción más íntima y profunda. Antes de la primera interacción, todos los ladrillos están ahí (los naturales más los específicos del penetrante) pero, tras el primer contacto, por muy pequeño que sea, los ladrillos más superficiales tienden a caer. Seguir apartando ladrillos y llegar más lejos es más complicado. Y llegados a este punto, sería buena idea comentar que, si un individuo rompe ciertos ladrillos de especial sensibilidad, es posible que el dueño del muro sienta una emoción que le libere en cierto sentido, eliminando esos ladrillos también para el resto de contactos sociales, o al menos para parte de ellos. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que, aunque un penetrante derribe ladrillos, más adelante pueden volver a ser colocados si da un mal paso, hay un malentendido o simplemente se enfría la relación. También puede darse el caso de que alguien desee que cierta persona rompa su muro en un momento dado, pero esa persona no dé el golpe de martillo correcto, o simplemente no quiera darlo.

Por último, queda hacer énfasis en que todo muro contiene unos ladrillos más duros que otros. Los más blandos se encuentran en la parte superior, y son fáciles de derribar, pero a medida que exploramos nos encontramos con elementos más y más duros. A veces (aunque no siempre), si golpeamos certeramente en un ladrillo pesado, los de arriba, más blandos, pueden caer con él. Pero también debemos ser conscientes de una cosa. Por mucha afinidad que haya, por muy fuerte que sea nuestro martillo, y por muy fuerte que golpeemos, todos los muros tienen en su parte más profunda unos ladrillos prácticamente impenetrables, equivalentes a sus pensamientos más íntimos. Sólo habría posibilidades (y muy escasas) de romper ladrillos como ésos mediante una afinidad gigantesca y un martillo de diamante. Aunque quién sabe. También hay que tener en cuenta que muchas personas aprenden a utilizar sus martillos con el objetivo de la simple manipulación, gente que no respeta los muros ajenos y los destroza del modo más bruto posible (por supuesto, adornado de una falsa apariencia de confianza y buenas intenciones, pues es una de las características de este tipo de martillos). Estas herramientas son muy peligrosas y maléficas, son producto de una conversión al lado oscuro, y quienes las sostienen sólo quieren atravesar las partes del muro que les interesa para obtener ciertos propósitos (ya sea una búsqueda de poder, estafa, o deseos superficiales). Cuando ocurre esto y el dueño del muro se da cuenta de que ha sido engañado, es normal que lo endurezca y coloque nuevos ladrillos para futuras interacciones con personas a las que aún no ha conocido, e incluso para las ya conocidas.

¿Es posible que alguien, al darse cuenta de que su muro es demasiado pesado, utilice su martillo para derribar ladrillos de su propio muro? Sí, creo que sí, pero depende mucho de la ayuda externa. El martillo propio y el del penetrante, unidos para que caigan los ladrillos y entre algo de luz.

viernes, 17 de julio de 2009

El error de Lars Ulrich


El lunes, al acabar el concierto de Metallica en el Palacio de los Deportes de Madrid, el batería Lars Ulrich dijo algo así como:

"Es un gran placer estar en Madrid, y volver a venir mañana. Nos vemos mañana" (algo parecido, y en inglés)

Ulrich siempre hace lo mismo al acabar los conciertos. Cuando es su turno de hablar, alaba al público de la ciudad y dice que volverá muy pronto ("we will see you very fucking soon" suelen ser sus palabras). Pero el lunes se equivocó, al confundir la ciudad con el público que había ido a verle, que son dos cosas muy distintas. Sólo unos pocos de los allí presentes estarían al día siguiente repitiendo la experiencia, a los demás debieron frustarle esas palabras de "see you tomorrow".

Por suerte, yo repetí. Son grandes, y a diferencia de otros grupos no tocan las mismas canciones en todos los conciertos, van variando.
(la foto no es de los conciertos de Madrid, la saqué del Google)